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Restlessness

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Como distopías otras…

Fernando Golvano

A mediados de noviembre del 2002 visito Gijón y participo en las jornadas “Recreaciones de la ciudad y de la memoria”. Allí me encuentro con Avelino Sala y en la galería de arte Espacio Liquido me muestra algunas de sus últimas obras. Una de sus imágenes cautiva pronto todo mi interés. ¿Qué llamadas pregna esa imagen que casi de modo obsesivo ocupó mis pensamientos en los días siguientes? Como si de una iluminación profana se tratara, esa figura que nos da la espalda y se apoya en una montaña de neumáticos usados parece representar un arquetipo contemporáneo que pudiera confrontarse al “ángel de la historia” -que refiere Walter Benjamín- pasmado ante un pasado devenido catástrofe que “amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándola a sus pies”.[i] Esa figura lo toma el pensador alemán de un cuadro de Paul Klee que se llama Ángelus Novus y no puede cerrar sus alas impelido por “ese huracán es lo que llamamos progreso”. Sin poder detenerse es empujado irremediablemente hacia el futuro. Por su parte, la figura traslúcida creada por Sala, que sitúa en medio de esa rara distopía que constituyen los cementerios de coches -epítome propio de un modelo de desarrollo capitalista y consumista-, tal vez enuncie un sujeto nihilista, contrapunto necesario del Ángelus Novus. Ambas figuras, iluminadoras y a la vez opacas, portan una interrogación silenciosa, residuo crítico del mito moderno del progreso. Línea de sombra que anuda lo esencial y lo contingente, lo vital y lo ruinoso: mediación poética y conceptual para nombrar una distopía otra que se alza en el actual modelo de civilización.

Esa línea de sombra recorre también la cuestión de la nuevas subjetividades en esta época, que inaugura una condición posmoderna, a saber: la crisis de los grandes relatos modernos ha dejado su espacio a un estallido de cosmovisiones y de identidades, así como a un espacio que conecta lo local y lo global y a una temporalidad múltiple y expandida. Esta situación, percibida como “nueva humanidad” por algunos pensadores como Toni Negri, nos apremia a darle una forma. Una nueva subjetividad, una nueva experiencia. Y en ese horizonte humano las utopías nomadean en otras bifurcaciones y contextos. En palabras de ese pensador italiano, que afirma la necesidad de una “ontología roja” en coherencia con el color de las pasiones: «El nuevo concepto de ciudadanía que cabe en la posmodernidad no puede ser sino una decisión de marcharse de aquí. Pero, por ahora, el mero insistir en la decisión, en la elección, es una operación ontológica de gran calado. ¿Una ilusión? No: se trata de imaginación, violencia a través/dentro/contra el poder de bloquear el futuro. Producción de otra subjetividad».[ii] Apenas se vislumbran las diversas subjetividades que darán forma a anhelos comunes, a utopías otras. Innúmeras elecciones en una suerte de sinergia creativa con la imaginación utopizante, no cesarán de provocar intensidades, subjetividades y futuros cuya forma aún desconocemos.

La práctica artística -lo sabe este joven creador- puede desplegar una reserva crítica de imágenes frente al universo de valores vigentes regido, tal y como dejó cabalmente observado Castoriadis, por cuatro verbos: producir, consumir, racionalizar y dominar.[iii] Así en medio de las cosas, soslayando la tentación banal que fagocita tantas imágenes y comportamientos artísticos, Avelino Sala perturba y se apropia de lo real con sus intervenciones urbanas, pero sin clausurar todas sus paradojas y su misterio. Los objetos y figuras de celo que introduce en espacios urbanos y que desplazan su potencia semiótica hacia otras derivas de sentido y de contextualización, pudieran -desde su vacío y semitransparencia- activar una melancolía contemporánea anudada quizás a una subjetividad a la intemperie, estallada en múltiples sensibilidades y precariedades. Sus obras procuran una extrañeza insólita, desde la que podemos interrogar esos espacios y un declinar de las memorias ancladas en los mismos y casi siempre olvidadas. Tales objetos y esculturas reclaman nuestra mirada conspirativa, juego crítico, que soslaya el nihilismo contemplativo y su inanidad. Pues bien, las piezas de este artista, desde su capacidad de modulación de los espacios arquitectónicos y urbanos, establecen, en la inteligencia creativa de cada recepción, una mediación renovada de tantos anhelos vanguardistas que recrean algunos artistas de cada generación como herederos del empeño sífico, siempre eterno y metamórfico. No exentas de ironía, las propuestas de Sala expanden asimismo el imaginario de las ciudades, sus tramas simbólicas. Y llaman a otras recepciones.


1 Walter Benjamín (1940), «Tesis de la filosofía de la historia» en Discursos interrumpidos I, Taurus, Madrid, 1989, p. 183

[ii] Toni Negri, «Decidir un nuevo sujeto», en Logos 34, 2001, p. 21

[iii] Entrevista a Cornelius Castoriadis por Rolando Graña en Ajoblanco, noviembre 1993, Madrid, pp. 16-19

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