Entrevista en Periodismo humano sobre Sublime

El artista plástico Avelino Sala y el crítico de arte José Luis Corazón, codirigen junto a PSJM desde el año 2002 la revista Sublime arte+cultura contemporánea, publicación que se distribuye digitalmente a través de la web www.sublimeart.net y de la que se edita un número anual monográfico en papel. Con unos contenidos generales muy amplios que engloban arte, cine, literatura y pensamiento, en ella participan destacados colaboradores del mundo de la cultura, artistas, críticos, comisarios y escritores vinculados al arte actual. Sublime responde a la necesidad de crear una plataforma independiente de pensamiento, crítica y debate, optando por el trabajo compartido.

Pregunta:  El primer número de Sublime aparece en el año 2002 como resultado de la colaboración entre artistas y comisarios jóvenes e independientes. ¿Qué tipo de necesidades les movieron a emprender este proyecto?

Avelino Sala: Fue una cuestión de inquietud, de necesidad de generar una plataforma nueva que no fuera la vía oficial de comunicación. Pensamos que en España faltaban vías de comunicación diferentes a las establecidas. Queríamos hacer cosas, decidimos crear nuestro propio medio de comunicación en vez de ver otros que sólo apostaban por lo seguro y daban de lado con propuestas nuevas y otras maneras de interpretar la realidad. Fue la idea de ser pro activos en vez de consumidores.

Avelino Sala y José Luis Corazón, directores de la revista de arte y cultura contemporánea Sublime

P: ¿De qué manera ha evolucionado en estos años la revista, en cuanto a contenidos, gestión, distribución, etc.?

A.S.: Imagínate, en ocho años ha pasado de todo, ahora nos centramos mucho en la web, www.sublimeart.net, donde volcamos mucha información. Al no tener un fin comercial, la revista ahora se mueve de manera vírica. Es decir de mano en mano, de boca en boca, funcionando perfectamente. Editamos un número al año nada más, por decisión propia. Monográfico, bilingüe. Lo único que hacemos es presentarlo en ARCO, porque esa feria nos soluciona gran parte de la distribución. Después jugamos con el formato, ahora es tipo fanzine, hemos vuelto un poco al Do It Yourself (hazlo tú mismo) y la cultura de lo barato a veces es mejor.

P: Sublime es una revista de arte y cultura contemporánea. Sin embargo, las temáticas abordadas en sus números monográficos desbordan este estricto marco para adentrarse en cuestiones sociológicas, políticas, ya en sentido amplio: humanas. ¿Supone esto un esfuerzo por redefinir los conceptos de arte y cultura, tal y como vienen siendo tratados por los medios especializados?

El arte contemporáneo está unido a los cambios sociales y políticos

A.S.: Hay que tener cuidado en identificar el todo con lo humano. Aunque Sublime corresponda a un proyecto vinculado específicamente al arte contemporáneo, en la actualidad estas prácticas están necesariamente unidas a los cambios sociales y políticos. En los medios de comunicación el arte se interpreta como algo propio del ocio y el fin de semana. Nosotros abogamos por su incidencia en la libertad y el conocimiento diarios. Por eso es una publicación que trata de encontrar lugares de arte actual, desde la práctica propia de la creación y la crítica.

P: El último número monográfico de Sublime ha escogido como tema la defensa. ¿De qué manera está relacionada dicha elección con la situación sociopolítica mundial actual?

A.S.: Es una defensa metafórica, como corresponde a un arte actual. No se trata de pretender cambiar el mundo, ni transformarlo. En ese sentido, elegir un tema como la defensa está ligado a nuestra experiencia a la hora de realizar otros proyectos donde lo importante es mostrar un determinado campo de acción. A veces hay que devolver la manipulación que pretenden realizarte a la hora de colaborar con nosotros. Tratamos de buscar conceptos importantes para describir el estado del arte en relación a la realidad. Está claro que hay que defenderse, no se trata sólo de denunciar, sino de apostar por la importancia de presentar un arte crítico. La situación política actual ha dejado de ser global para ser particular. El caso es saber dónde se puede actuar.

Descargate el Monográfico de Sublime sobre el concepto de “Defensa” (pdf)

P: ¿Cuál es la relación actual del arte con la realidad? Maiakovski decía que el arte no era un espejo con el que reflejar la realidad, sino un martillo con el que golpearla. ¿Consideran que esta concepción continúa vigente? ¿Tiene el arte un efecto directo sobre ella, o más bien indirecto, como vehículo de creación de espacios de diálogo, discusión o reflexión?

A.S.: Esta es una cuestión clásica en el arte: la estetización de cualquier ámbito político, sin importar realmente el propio arte como tal. Los totalitarismos lo utilizaban porque saben de su importancia. El caso de Maiakovski es similar al de Malevitch. Son artistas utilizados por el poder de una manera un tanto dramática. Es curioso que el cine creciera a la sombra del poder hegemónico. En la actualidad no debemos pretender que el arte pueda cambiar nada. Mire el cine español, por ejemplo. El arte actual tiene su especificidad propia. Lo que sí es cierto es que va a ser utilizado para el beneficio del que ostenta el poder. Ese ha sido el caso de Barceló en la infausta cúpula de Ginebra, un caso de nepotismo kitsch y banal con el que se pretende pasar por moderno. Es una cuestión de retórica para el poder y una suerte de infatuación para el artista. En nuestro caso, se trata de limitarnos a realizar proyectos con la independencia suficiente.

P: ¿Desarrollan algún otro tipo de proyectos con vocación crítica, de incidencia política o social, desde ámbitos distintos?

A.S.: En la actualidad, los ámbitos son un límite. Hemos realizado proyectos expositivos en Europa, Latinoamérica o en Estados Unidos, sabemos cuáles son las diferencias. Sublime forma parte de otro proyecto genérico que llamamos Commission en el que lo englobamos todo. Ahí se alude a esa unión que surge al compartir un proyecto que, como decía Isidore Ducasse de la poesía, debe ser hecha por todos. Hay que señalar que sabemos de antemano que poco se puede pretender desde el arte, precisamente porque hemos topado con ciertas “iglesias” y nos han limitado a veces las instituciones. Es curioso comprobar a veces el cinismo con el que se utilizan palabras como compromiso o solidaridad. Nosotros no hemos tratado de salir de un arte cuya incidencia estaría en la posibilidad de crear esos espacios de reflexión o discusión públicos. Lo solidario no deja de ser algo solitario, pero necesario.

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