Espacios de Resistencia (publicado en ABC).Miguel Cereceda


Avelino Sala
BlockHouse. Sobre la construcción de un espacio de resistencia en tiempos de indolencia.
Galería Raquel Ponce
C/ Alameda 5
Madrid, del 1 de septiembre al 1 de octubre de 2011

¿Qué quiere decir “construir un espacio de resistencia”, desde el punto de vista de la práctica artística contemporánea? ¿Resistir a qué, resistir contra qué? La situación actual, económica, social y políticamente, si no desesperada, es al menos muy descorazonadora. Con una tasa de desempleo superior al 20 % y un número total de parados cercano a los cinco millones, las alternativas sociales, políticas e incluso vitales se desvanecen por completo para millones de personas. En una situación semejante, lo sorprendente es que las protestas de los desencantados que, a partir del 15-M se han organizado por todo el país, no hayan alcanzado un mayor nivel de tensión y de violencia social. Por su parte, las alternativas que el arte puede ofrecer para crear espacios de resistencia parecen por completo ilusorias. ¿Espacios de resistencia contra el desencanto? ¿Espacios de resistencia contra la falta absoluta de oportunidades?
Avelino Sala ha organizado, en su última exposición de Raquel Ponce, una especie de búnker, de refugio o de barricada de libros —un blocao— con el que trata de enfrentarse a la lamentable situación social, política y económica que estamos atravesando. Desde las paredes de la sala algunos dibujos, guaches y acuarelas nos presentan imágenes de trabajadores en situaciones de conflicto, instalaciones industriales o portuarias en reconversión y amenazadoras siluetas de policías antidisturbios, armados casi como guerreros medievales, con porras, cascos y escudos, a los que se enfrenta una diminuta efigie del propio artista, erigida sobre un pequeño pedestal de libros.
¿Qué hace el arte frente a todo ello? ¿Simplemente levantar acta de lo que, en cualquier caso, nos repiten machaconamente todos los días la televisión y los periódicos? La posición del artista, representándose a sí mismo como un diminuto manifestante, alzado sobre un zócalo de libros nos sugiere por un lado la idea de que, como mero artista, uno puede hacer bien poca cosa frente a la enormidad de los acontecimientos que se nos vienen encima; pero, al erigirse precisamente sobre un montón de libros, o al construir su línea de defensa como una barricada de libros, nos hace pensar que es de algún modo en la cultura donde podemos encontrar ese espacio de resistencia. ¿Puede realmente la cultura contribuir a crear un espacio de resistencia no sólo frente a la desesperanza que cunde por doquier, sino también frente a la crisis económica que nos asola?
La pregunta es sin duda bien amarga para aquellos que nos dedicamos a la cultura y que tenemos depositadas ilusorias esperanzas en las capacidades del arte y de la cultura para la transformación social. ¿Pues qué puede en efecto el arte, en una situación de crisis semejante?
Pero aún dejando al margen todos los idealismos ilusorios, no hay por ello sin embargo que dejar de insistir en que los patrones de desarrollo y producción económica han cambiado que, como ha señalado Jeremy Rifkin en La era del acceso, el modelo clásico de capitalismo industrial se ha transformado a favor de un capitalismo cultural que obtiene mayores rendimientos y beneficios de las franquicias, royalties y patentes que no de la mera producción industrial, la cual se ha desplazado hacia los países del tercer mundo, con mano de obra más barata. Y por ello es todavía más necesario insistir, precisamente en período de crisis, en que —como recientemente ha declarado la Comisaria Europea de Educación y Cultura, Androulla Vassiliou— “dedicar fondos a cultura no es un gasto, es una inversión: las industrias cultural y creativa ya representan el 4,5 % del PIB de la UE y el 3,8 % del empleo. Invertir en la juventud, la creatividad y la innovación significa potenciar sectores de crecimiento y empleo; sectores en los que Europa puede obtener un valor añadido significativo; sectores en los que podemos competir a nivel global. Sectores, en definitiva, que nos pueden ayudar a salir de la crisis”.
En esta situación por tanto, la resistencia a la que Avelino Sala nos convoca, en su instalación de la galería Raquel Ponce, no debe ser la de tirarse a la calle, a lanzar piedras contra los bancos, los comercios y los edificios públicos —como tal vez su manifestante nos sugiere—, sino una vez más la de persuadir a los políticos de que la inversión cultural, que en nuestro país apenas alcanza un magro 3% del PIB, puede ser también la clave de una reconversión económica que nos ayude a salir de la crisis.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s