Matadero Madrid, Funeral Pyre. Quema de escultura, Enero 2012

AVELINO SALA: FUNERAL PYRE 

José Luis Corazón Ardura (comisario del proyecto)

Down in amongst the streets tonight Books will burn, people laugh and cry in their turmoil (turmoil turns rejoiceful) Shed your fears and lose your guilt Tonight we burn responsibility in the fire We’ll watch the flames grow higher! But if you get too burnt, you can’t come back home /The Jam

El título de la acción que Avelino Sala conduce en Funeral Pyre corresponde a una intención simbólica y artística, vinculada a la situación crítica actual y al estado de una iconoclasia consciente del abandono de ciertos prejuicios. Realmente, sabemos que la quema de libros es producto del reconocimiento del saber y los libros que han pasado por el fuego llegan hasta el espacio religioso (Corán, Biblia), la política (Elogio de la locura), la raza (obras de Freud, Thomas Mann, Salman Rushdie), cuando no por razones artísticas o literarias (James Joyce, Fedor Dostoievsky, Edgar Allan Poe) o bien, una suma de todos estos factores, como se revela en Fahrenheit 451. El bibliocasmo se presenta como una desconfianza frente al valor de lo escrito y pertenece a la obediencia del fuego sobre el libro, una iconoclasia propia de nuestra civilización, donde su acción no sólo no ha cesado, sino que ha sufrido una aceleración importante en los últimos tiempos. Desde oriente y occidente, la construcción de barreras y fronteras han estado también dirigidas hacia la limitación del acceso al conocimiento o el saber como forma de poder. Se puede aducir que hay elementos de purificación y una importancia simbólica o espiritual en el hecho de convertir todo lo perecedero en cenizas, pero la quema de libros es universal, como prueban aquellas dirigidas hacia el Corán o a la biblioteca egipcia recientemente destruida, donde ha desaparecido todo el ingente archivo dirigido por Napoleón en su fracasada campaña colonizadora. Como ha investigado Fernando Báez en su historización de la destrucción de bibliotecas, debemos subrayar la importante desaparición cultural en el caso particular de Irak, donde nace la civilización del libro y donde más se ha sufrido el saqueo de documentos y libros por parte del ejército estadounidense durante su ocupación.

La combustión de libros trata de carbonizar la representación de un símbolo. En el caso de Avelino Sala, se convierte en una iluminación irónica sobre el propio sentido del fuego en una barricada donde se ha apostado por un cierto estilo funeral. Como elemento técnico, ha practicado con él una lectura de la memoria y de la resistencia, un aprovechamiento de las propiedades metafóricas que el fuego y su constante fuerza conducen hacia la destrucción de ciertos prejuicios, sirviendo, en el caso de una barricada inflamada, para comprobar que el saber no se oculta sólo en el fuego, sino en todo lo que arrasa. Quizá la falta de lectura actual sea también una manera de rechazar la fuerza del olvido de la biblioteca y del saber, pero también está relacionado con el hecho de apostar por un tema que es importante a la hora de mostrar que las intenciones políticas desde el arte no han de quedar en una mera exploración de recursos conocidos, sino proceder a llevarlo al estado de ceniza. Quizá leer sea también quemar una biblioteca, sabiendo que, en cualquier caso, no podremos leerlo todo. Como afirma paradójicamente el rabino Nachman de Berlau, “quemar un libro es aportar luz al mundo”.

A pesar de que desde el espacio de la música es significativo que se haya introducido el término quemar con relación a la acción de copiar, en la tradición más reaccionaria también se han incendiado discos. Es el caso de la hoguera pública de material de The Beatles en Alabama durante los años sesenta o muchas de las partituras que hicieron arder los nazis en 1933 de Beethoven o Mahler, como preludio absurdo del holocausto. Por ejemplo, lo cierto es que de alguna manera hay una vinculación estrecha entre el carácter nihilista del punk, la lectura destructiva de la modernidad y la ironía frente a lo establecido. Otros tópicos acerca de la iconoclasia, en un sentido musical moderno, han servido para que el conocimiento y la revolución continúen desde la rebelión y el inconformismo, desde la lectura que reclama otros modos de decir, como muestra el caso de la trayectoria de Miles Davis, cuando afirma que ha cambiado el sentido de la música cinco o seis veces.

En Funeral Pyre -título que inspira la acción de Avelino Sala- compuesta por The Jam en 1981, se hace referencia a estos hechos, vinculados también a una purificación y al inmarcesible paso de la edad propio de los movimientos juveniles musicales surgidos al final de los años setenta cuando se enfrentan al sistema socioeconómico. No podemos soslayar además la relación que tiene el espíritu incendiario y la crisis económica global, como se mostró el último verano en el asalto de los jóvenes en los suburbios londinenses. Y, por supuesto, el fuego ha tenido una larga tradición en la música popular, desde el blues o el rock and roll (Great balls of fire), hasta Jimi Hendrix (Fire), desde The Doors (Light my fire) hasta Deep Purple (Smoke in the water) Una lista que sería larga y que muestra todos los sentidos imbricados en su simbolismo, como el componente erótico, la propia medianoche o la llegada del día (Afterhours)

Estos elementos están presentes en toda la trayectoria de Avelino Sala: fomentar una presencia de la juventud partiendo de la inversión de los valores impuestos (La espera, Drama), incluyendo colaboraciones de artistas de hip-hop como Dano (Lección de Estética), tratando de derruir uno de los símbolos de la dictadura franquista que aún gravitan hoy sobre espacios públicos (El enemigo está dentro, disparad sobre nosotros) o bien, como decíamos, utilizando el fuego como factor cohesionador de ideales relacionados con valores eminentemente juveniles, como el juego en común (Arde lo que será o Fuego camina conmigo) y, recientemente, sirviéndose del simbolismo de lo que arde en el video titulado Autrui, con relación a la situación de alteridad que lleva en sí cualquier inmigrante. En referencia al espíritu de resistencia oculto en el uso de barricadas, Avelino Sala mostró en Blockhouse que la disposición frente a la crisis actual no debe ser cuestión de inmovilismo, sino todo lo contrario. Apostar por construir a base de libros una barricada negra y funeral no debe significar otra cosa que no conceder nada más que el esfuerzo y la propia vitalidad de un fuego capaz de retener la memoria desde la ceniza. Una especie de protección útil en momentos críticos, realizada como un bloque de defensa inspirado en las trincheras. En este sentido activo de la acción artística, Avelino Sala ofrece nuevos modos de leer e iluminar desde una resistencia ciertamente necesaria, inscrita simbólicamente en el signo de los tiempos que nos esperan.

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