“Locked-in Syndrome” Galeria Ponce+Robles, Madrid.

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“Locked-in Syndrome”
 Blanca de la Torre

Con este nuevo cuerpo de trabajo Avelino Sala explora prácticamente todas las disciplinas: vídeo, instalación, fotografía, escultura, e incluso una vuelta al dibujo, un medio que en realidad el artista nunca llegó a abandonar del todo. En esta ocasión las piezas que componen la exposición están perfectamente hilvanadas, y no solamente le sirven para continuar en su empeño de hacer reflexionar al espectador sobre el momento actual, sino que incide en aquel del pasado, en esa necesidad de una permanente revisión política de la historia a través de un proceso constante de reescritura.

Como pieza central, una tradicional capa española cuelga de una soga, casi a modo de marioneta. En la espalda y con la falsa distinción de un bordado en letras doradas se lee: Larvatus Prodeo. Esta frase de Descartes, Avance enmascarado, aparece en Preambula, una de las cartas del filósofo de los dualismos, convencido de la efectividad de su método racional versus las inútiles disputas de sus colegas escolásticos.
El propio montaje de la capa ya lo evidencia todo, insistiendo en esa idea de que todo es manipulable y su manera de mostrarse nos pone en relación con lo explícito y lo oculto de la filosofía cartesiana.

Y es que tal vez nos hemos acostumbrado a llevar siempre la máscara puesta, o a los que siempre la llevan, a esa falsa diplomacia de las dobles conductas.

La capa española, herramienta de ocultación y crimen enmascarado – motivo de su prohibición en cierto momento por parte de Esquilache, capítulo inevitable de nuestras clases de historia- también fue protagonista de gran parte de nuestra literatura, especialmente aquella del glorioso siglo de oro y sus lustrosos protagonistas, los de la ficción y los de la rúbrica. La capa española, signo y medida del linaje, ha acompañado el imaginario de este país y se ha inmortalizado a través de todas sus manifestaciones culturales.
Y así, ocultándose se avanza, con ayuda de esa capa de pasado esplendoroso. Ese pasado de la historia de España que nos enseñaron, o que resumíamos a modo de chuletas en muñequeras, interiores de estuches Alpino, gomas de Milán, o, como en el caso de la instalación Clandestina, en los clásicos bolígrafos bic. Bic cristal. (que además escribe fino). Gracias a una luz bastante controlada percibimos que Sala ha inscrito en ellos, unos treinta o cuarenta, lo que parece ser la declaración universal de los derechos humanos. Unos derechos que hoy día no dejan de ser un capítulo más de nuestro pasado. Otro capítulo del cuento. Un vídeo que lo acompaña nos muestra el meticuloso proceso, con ese sonido familiar de rascar el plástico. Y es que el trabajo de Avelino Sala no solo rasca en nuestra memoria personal, sino en esa universal y colectiva, en ese archivo de registros comunes a toda crónica de revuelta, de tentativa de cambio desde el lugar de la resistencia.
En esta línea, con Arqueología de la revuelta, Sala juega irónicamente con el formato de vitrina de archivo clásica para mostrar en clave de registro museográfico una serie de piedras recogidas en diferentes manifestaciones del mundo.
A partir de aquí, en la siguiente instalación, Sanpietrini, decide partir de una de las piedras del lugar que le da titulo, y recurrir de nuevo al metal de falso ilustre, para hacer un fundido, en esta ocasión en bronce. Una serie de dibujos en grafito de la calzada romana acompañan el paradigmático adoquín, del mismo tipo que se lanzaba en Mayo del 68 y material habitual en las barricadas, pero este recogido en una de las manifestaciones de los Black Blocks acontecidas en la capital italiana. Como en aquellos casos en que la vitrina museística alberga restos arqueológicos de familia común, en éste se ha querido poner el acento magnificando una de las piedras, -recurrir a ese fetiche que nos gusta tanto en el arte contemporáneo- para demostrar lo fácil que resulta otorgar a un objeto una mayor importancia simbólica y convertirlo en obra referencial.

Desactivación consiste en una serie de fotografías de quemas de banderas de todo el mundo. Las imágenes, digitales, han sido veladas con la idea de mostrar lo absurdo de un acto que se ha convertido en gesto común de cualquier manifestación que se precie, y entender así lo velado como un acto simbólico de cambiar una bandera por otra. Las esquinas de los marcos, curvas, achatadas para de nuevo incurrir en el acto de desactivación.

Aunque aquí se haga más patente esta necesidad de revisar la historia a través de todos los trabajos presentados, esta forma parte de gran parte de los trabajos del artista, y ya la vimos recientemente con el neón que aquí se muestra Cui Prodest? que formó parte recientemente de la XII Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Madrid que tuvo lugar en Matadero. La reconstrucción de nuestro pasado o de un pasado que no está tan claro que algún día fuera nuestro. Recurriendo de nuevo a la lengua madre – recurso habitual para reiterar esa necesidad de conocer el pasado para comprender el presente- Cui Prodest?, -quien se beneficia? -Vuelve a poner en tela de juicio a los de la capa española, esa que sirve a los embozados para ocultar el rostro culpable.

Aunque las cosas han llegado a tal punto que hasta los bozos sobran. El panorama se presenta desolador, y con un nuevo golpe de ironía el artista configura una suerte de mandala en la pared a partir de una serie de palos de hockey, que llevan inscritos a láser títulos de novelas distópicas.

Las obras de Sala, independientemente de su resolución formal, funcionan siempre a modo de imágenes, de registros no necesariamente objetuales. Y la dialéctica tan particular de las obras presentadas aquí funciona a modo de concatenación de stills de nuestra memoria, en una suerte de deja vù en permanente titubeo de si realmente fue o no fue, si ocurrió así o de ninguna manera. Memorias de apariencia semiopaca, que se mueven en ese territorio entre lo turbio y lo medianamente conocido. Que nos mantienen en un estado de recelo, en el prisma de la sospecha.

Una vez más Avelino Sala nos habla del arte como un acto de resistencia, como catalizador de nuestra posición ética, como vehículo afianzador de las ideas y de una postura ante la vida. A través de un proyecto con ciertos tintes nostálgicos nos habla de lo manipulable y voluble de los sistemas simbólicos, y por ende de la propia memoria colectiva.

Sala nos recuerda cómo se ha ido construyendo esa memoria. ¿Hemos sido nosotros o nuestro propio recuerdo se ha ido también cimentando a través de las mismas herramientas hegemónicas que todos conocemos? ¿En algún momento esos mecanismos de poder han estado en otras manos que no sean las de los poderosos, las de la clase dominante? Habrá que preguntarse si dentro de todo este territorio tan maleable ha habido alguna vez algún hueco libre de falsificación, sin un solo ápice de esos procesos de adulteración a que hemos sido acostumbrados, donde siempre nos quedará la duda de si ese pedazo de memoria que creíamos nuestra no es más que un producto más de las maniobras de aquellos que portan la capa y el bozo.

Y así Sala, avanza ocultándose, como Descartes y como tantos otros filósofos enmascarados, como el arte y tantos y tan necesarios espacios de resistencia. Larvatus Prodeo.

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